Pedido de estudios para nombrar como “Potrero Leopoldo Jacinto Luque” a una fracción de terreno

PROYECTO DE RESOLUCIÓN

Artículo 1°.-  Encomiéndese al Departamento Ejecutivo Municipal, a través del área que corresponda, a realizar los estudios de factibilidad técnica y económica para nombrar e identificar con la denominación  “Potrero Leopoldo Jacinto Luque” a la fracción de terreno ubicada en la manzana 7311 delimitada por las calles Risso al norte, Pasaje Koch al sur, Avellaneda al Oeste y límites de lotes particulares al Este; perteneciente a un área mayor de una superficie aproximada de 24.840,00 m2, identificada con la Partida Impuesto Inmobiliario N° 10-11-04 119184/0000, referenciado en el Anexo I que forma parte de la presente.

Artículo 2°.-  De resultar favorable lo dispuesto en el artículo precedente, el Departamento Ejecutivo Municipal procederá a la ejecución de la tarea encomendada, incorporando en el sector la señalética correspondiente.

Artículo 3°.-  Ejecutada que resulte la tarea precedente, el Departamento Ejecutivo Municipal informará tal situación al Honorable Concejo Municipal.

Artículo 4º.- Las erogaciones que demande la ejecución de lo dispuesto en la presente serán imputadas a la partida presupuestaria del ejercicio fiscal correspondiente.

Artículo 5º.- Comuníquese al Departamento Ejecutivo Municipal. 

FUNDAMENTOS

Mediante el presente proyecto de resolución se encomienda al Departamento Ejecutivo Municipal, a través del área que corresponda, a realizar los estudios de factibilidad técnica y económica para nombrar e identificar con la denominación “Potrero Leopoldo Jacinto Luque” a la fracción de terreno ubicada en la manzana 7311 delimitada por las calles Risso al norte, Pasaje Koch al sur, Avellaneda al Oeste y límites de lotes particulares al Este; perteneciente a un área mayor de una superficie aproximada de 24.840,00 m2, identificada con la Partida Impuesto Inmobiliario N° 10-11-04 119184/0000, referenciado en el Anexo I que forma parte de la presente.

La idea de bautizar con este nombre a este sector del hoy denominado Paseo del Encuentro, surgió de un grupo de vecinos del Barrio Guadalupe, que habitan allí desde niños y acostumbraban a jugar todos los días, a toda hora, en el “potrero” al lado de las vías, a la vuelta de la escuela, cerca de las casas de todos, junto con Leopoldo Jacinto Luque, quien luego se convertiría en un jugador reconocido mundialmente y que, a pesar de la fama y el renombre internacional que obtuvo, nunca se olvidó de sus amigos de la infancia, ni perdió jamás el contacto con ellos.  

Los romanos tenían el concepto del “genius loci”, el espíritu del lugar, ese espíritu que da vida a la gente y a los lugares, que acompaña a los sitios a lo largo de los años y determina su carácter o su esencia. Si vamos hasta el potrero a dónde aquellos niños, hoy ya ancianos, jugaban a la pelota con este amigo tan querido que ya no está entre nosotros, parece que ese concepto puede aprehenderse y palparse, que el espíritu del juego feliz en el potrero permanece, para que niños y niñas de nuevas generaciones sigan haciendo de ese espacio su lugar de encuentro, de vínculo, de amistad, de todo aquello que construye la identidad de una ciudadanía.

Oriundo de este barrio de Guadalupe, la historia de Leopoldo Jacinto Luque ha sido muy rica en el fútbol. En la selección nacional jugó 45 partidos y marcó 22 goles, saliendo campeón del mundo en 1978.

En el profesionalismo jugó en Rosario Central (1972, 4 partidos, 3 goles); Unión (1975 y 1981, 59 partidos, 20 goles), River (1875-1980, 176 partidos, 75 goles); Racing (1982, 11 partidos, 2 goles) y Chacarita (1984, 11 partidos). Como entrenador dirigió a Unión, Belgrano de Córdoba, Central Córdoba de Santiago del Estero, Deportivo Maipú, Independiente Rivadavia y Gimnasia de Mendoza. Y a su fallecimiento se dedicaba a la formación de jugadores (categoría menores) en Mendoza.

Pero quizás, hay dos aspectos de su vida que sea bueno recordar, porque lo muestran en su real grandeza, en su persistencia y tesón, más allá de los logros obtenidos.

Sus comienzos no fueron fáciles. El éxito no se le brindó de manera espontánea. Fue un luchador, la peleó y no se dio por vencido en distintas circunstancias. Allí cobra valor la historia de este potrero que se busca reconocer con su nombre. Leopoldo jugó en las divisiones menores de Unión, durante varios años, llegando a primera de la Liga. Pero no era demasiado tenido en cuenta, así fue que primero pasó a préstamo a Sportivo Guadalupe, para jugar en la primera de la Liga. Luego, pasó a préstamo también al Club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde pudo salir campeón en el torneo de la liga local, lo que no fue suficiente para quedar en su club de origen, volviendo al norte, para jugar en Central Norte de Salta. 

Sobre aquel momento, ya pasados sus 20 años, Leopoldo así lo relataba en una nota publicada por el diario El Litoral el 22 de Junio del 2011 “Jugué en Central Norte y ya vuelvo con la idea de que si no me salía nada en Santa Fe, dejaba el fútbol. Porque cuando vuelvo a Unión no me tienen en cuenta, porque según el coordinador de ese momento había otros mejores que yo…Un día estaba jugando con unos amigos en un campito atrás de la iglesia de Guadalupe, ahí por donde está el seminario. En ese partido había un señor, que era el Dr. Capellini, que era representante de Agremiados… Entonces me vio jugar y me ofreció ir a Atenas… Unión me dejó libre, me fui a Atenas y en ese año hice como 40 goles… En esa época Unión se desafilia de AFA, así que me tocó enfrentarlo y entonces deciden comprarme de nuevo y jugué el regional, donde perdimos la final con Gimnasia y Esgrima de Mendoza… Después sucedió todo lo conocido, jugué con el “Toto” Lorenzo y mi carrera siguió”. Es decir que Leopoldo, ya a la edad donde muchos bajan los brazos, la siguió peleando, primero en Sportivo Guadalupe, luego en Atenas, y posteriormente en otras instituciones de nuestra Liga Santafesina de Fútbol.

Otro hecho importante, que también relataba en la misma nota, es cuando -al mismo tiempo que tuvo una importante lesión en el brazo, en el segundo partido con Francia, pese a lo cual siguió jugando, se producía la muerte de su hermano en un accidente automovilístico, regresando a Santa Fe, después de presenciar aquel partido. Así lo contaba Leopoldo: “Cuando tuve la lesión en el brazo, en el segundo partido con Francia, yo le pedí al médico que por favor me curara e hiciera lo que fuera para poder seguir el Mundial. Porque fue una luxación bastante embromada que tuve y luego lo del accidente de mi hermano, que me quebró un poco y me fui de la concentración para ir a Santa Fe. Ahí me senté a hablar con mis viejos y les dije: “me quedo con ustedes”. Mi viejo y mi vieja me hablaron destrozados, porque perder un hermano es duro, pero perder un hijo debe ser tremendo. Entonces empezaron a recordar toda mi trayectoria y lo que yo sufrí estando tan lejos. Eso me sirvió para decidirme y decirme a mí mismo que tenía que seguir. Volví a la concentración y practicaba con un medio yeso, hasta que Menotti me habló y me dijo que íbamos a hacer un buen vendaje y que me iba a poner contra Brasil. Me hicieron ese vendaje que apenas podía mover el brazo y empecé a jugar y terminé jugando así. Todo lo que me pasó a mí fue a base de fortaleza y sacrificio”

En estos tiempos asolados por una pandemia histórica que se hace cada vez más difícil de atravesar y cuyas consecuencias a nivel económico, social y en cuestiones de salud mental aún no somos capaces de prever y mesurar por completo un testimonio de profunda resiliencia frente a las adversidades como el que nos trae la experiencia de vida de Leopoldo, debe ser conocido, atesorado, transmitido, para que todos podamos construirnos un poco más fuertes, en los ámbitos en que cada uno se desenvuelve.

Vivir en las ciudades nos enseña muchas cosas, entre ellas, que nunca perdemos el vínculo con aquellos lugares donde crecimos y jugamos cuando niños, aun si las casas cambiaron o desaparecieron, la permanencia de los objetos de identificación tales como un espacio público, abierto, de juegos, nos devuelve la seguridad de estar en un sitio conocido y querido, como si hubiéramos retornado al primer hogar. 

Proponemos este nombre para este sitio no sólo porque creemos que es significativo para mucha gente, sino porque es, sin dudas, donde Leopoldo Jacinto Luque debe ser reconocido: en su barrio, el potrero de su infancia, donde se juntan sus amigos a hablar de él, donde pateó incansablemente pelotas en todos sus ratos libres, donde los más grandes lo mandaban al arco porque era el chiquito que se metía siempre a jugar… Para que ese nombre permanezca, se haga uno con el potrero y se atesore entre los vecinos. Y también, para que se transmita junto con todos los valores que la persona reunió, a nuevas generaciones de niños. 

Por lo expuesto solicito a mis pares el acompañamiento necesario para la aprobación del presente proyecto.

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